El Ave María
(HISTORIA)
San Bernardo, cada
vez que pasaba por delante de una imagen de la Virgen María, le saludaba
diciendo "Dios te salve, María". Cuando San Bernardo murió y el
cuerpo pasó por delante de la citada imagen, fue la propia Virgen María quien
exclamó: "Dios te salve, hijo mío Bernardo".
Bienaventurados
aquellos labios y aquellos lugares en los que se pronuncia : “Ave María”.
Vamos a analizar las palabras del Ave María en detalle a continuación:
Dios te salve, María: Es un saludo que limpia los labios y el
corazón. No se pueden pronunciar esta palabras con reflexión y sentimiento, sin
sentirse más buenos, porque cuando los ojos de vuestro espíritu están fijos en
María, se puede ser más bueno, más puro y más caritativo. La amistad con María
es causa de perfección porque infunde y transfunde las virtudes de tan buena
Madre en quien las pide con humildad.
Llena eres de Gracia: Humildad, prontitud, pudor, plegaria... ¿Qué
no encontró de excelso la palabra angélica para convertirse en la primera
chispa del incendio de la Encarnación?. He aquí lo que se necesita, para atraer
a Jesús, vuestra adherencia a la Gracia, vuestra acogida a la Gracia, vuestro
multiplicar la Gracia, vuestro aspirar a la Gracia. El cuerpo, para vivir,
necesita respirar aire y tomar aliento. El alma para vivir, debe respirar la
Gracia, y el mejor ejemplo es María.
El Señor es contigo. Dios siempre está con el alma en Gracia. Dios
no se aleja cuando el tentador se acerca, se aleja solamente cuando se cede al
Tentador y se corrompe el alma. Quien está con Dios no es que no vea el mal,
más bien lo ve con más claridad que muchos otros, pero el verlo no corrompe. El
unido con Dios está saturado de Dios, y cualquier otra cosa que no sea Dios
queda en la superficie y no perturba el interior.
Bendita tú eres entre todas la mujeres. Esta bendición que a veces
decimos imperfectamente, o que quizá ni la decimos a Aquella que con su
sacrificio inició la Redención, resuena continuamente en el Cielo, pronunciada
con infinito amor por la Trinidad. Todo el Paraíso bendice a María, obra
maestra de la Creación universal y Misericordia divina. Aún cuando toda la obra
del Padre para crear de la nada a la tierra no hubiese servido sino para acoger
a María, la obra creativa habría tenido su razón de ser, porque la perfección
de María es tal, que Ella es testimonio de no sólo de la sabiduría y el poder,
sino del amor con el cual Dios ha creado el mundo.
Y bendito es el fruto de tu vientre Jesús: Tenemos a Jesús porque
treinta tres años antes María aceptó beber el cáliz de la amargura. Bendito el
vientre purísimo que contuvo al Creador, y para dar una norma, sabed que Yo,
Dios, no considero disminuirme a Mí mismo con infinito y venerante amor a mi
Madre.