“La Parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular cuyo cuya pastoral bajo la autoridad del Obispo diocesano se encomienda a un párroco como pastor propio”.
Nuestra parroquia es una comunidad cristiana, como todas las parroquias presta unos servicios sacramentales y de evangelización. Vive la fe, comparte la fe y la celebra con los hermanos. La Parroquia no agota su misión iniciándonos en la experiencia cristiana. En ella la experiencia crece, madura y se comparte de modo permanente. A través de la catequesis, de la formación cristiana, del trabajo y profundización en el conocimiento del Evangelio, se hace más presente en la familia, niños, jóvenes y ancianos; se hace presente en las alegrías, en la soledad y en el dolor. Cuando en la parroquia falta esta experiencia del evangelio se convierte:
• El trabajo pastoral en actividad profesional.
• La evangelización en propaganda religiosa.
• La liturgia en ritualismo vacío.
• La acción caritativa en servicio social o filantrópico.
En esta sociedad sin Dios, atea, pagana, y paganizante, en la que Dios para muchos ocupa el último lugar los cristianos necesitamos cada vez más una fe autentica que nos lleve al compromiso con nosotros mismos y con el hermano para ser discípulos auténticos de Cristo. No podemos reducir la parroquia a ciertas ceremonias pomposas, a ciertos ritos fríos y vacíos, a cierto folklore teatral y vistoso donde la fe queda raquítica, anquilosada, paralítica, en sillas de ruedas a pesar de tanta parafernalia que nos confunde.
La actual Diócesis de Trujillo estuvo en dos primeras centurias gobernada por las Diócesis de Caracas y de Mérida. Estas Diócesis hicieron cuanto pudieron por el desarrollo de Trujillo. Caracas y Mérida proporcionaron sacerdotes, cultivaron las vocaciones al sacerdocio, crearon parroquias, templos, capillas y adquirieron terrenos para futuras obras. Pero su labor mas importante fue la de evangelizar, sacramentalizar intensamente. Acercándose el cuatricentenario de Ciudad de Trujillo, el Arzobispo de Mérida, autoridades civiles, laicos, Presbíteros y demás instituciones solicitaron al Sumo Pontífice la Creación de la Diócesis de Trujillo y consecuente elevación de la Capital a Sede Episcopal y el 04 de julio de 1.957 el Papa Pío XII a través de la Bula “In Maximis” concede la elevación solicitada.